El legado de los barrios más sonideros
- Ritmo Barrial
- 8 ago 2024
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Un barrio sin música es un barrio sin alma. Los sonideros son los guardianes de este espíritu musical, con sus ritmos inconfundibles y locuciones carismáticas que hacen latir el corazón de los barrios de la Ciudad de México.
Por generaciones, las comunidades se han reunido para convivir y celebrar en fiestas animadas por los sonideros, convirtiéndose en una manifestación cultural auténticamente popular que ha revitalizado las tradiciones mexicanas.
De hecho, el movimiento surgió con el objetivo de amenizar fiestas particulares, primero en las calles de los barrios y los patios de las vecindades, y más tarde, se extendió tanto dentro como fuera de México.

El fenómeno comenzó de forma sencilla y espontánea entre las colonias populares, pero su poder transformador le permitió no solo resistir el paso del tiempo, sino evolucionar en estilo, audiencia y producción tecnológica.
El legado de su origen sigue manifestándose con fuerza. Pueblos y barrios como El Peñón de Los Baños, Tepito, San Juan de Aragón o Santa Martha Acatitla son célebres por su tradición sonidera.
Sin embargo, mucho antes de que estos lugares se convirtieran en los epicentros del sonidero, otras zonas ya marcaban el compás de esta tradición.

Don Manuel Perea León de Sonido Fascinación relata que la semilla del sonidero germinó desde la década de los 40 en la colonia Guerrero, así como en los barrios de Peralvillo, Tacuba y diversas zonas de Azcapotzalco e Iztapalapa.
Estos primeros escenarios fueron los pioneros en desarrollar un fenómeno cultural perdurable que fomenta la unión y el orgullo comunitario.




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